Mejillón



Hablar sobre El Mejillón

El mejillón es un molusco, de carne sabrosa y abundante que se puede adquirir a precios muy razonables. De hecho, es el marisco más consumido tanto si es fresco, congelado o en conserva. Este molusco se encuentra en el mercado durante todo el año y, en la actualidad está considerado como uno de los mariscos con mayor seguridad desde el punto de vista sanitario. Existen dos tipos básicos: el de roca y el de vivero. El primero es el que crece de forma salvaje en rocas y acantilados. Es más pequeño y su carne también es más sabrosa. Los mejillones cultivados en viveros son más grandes y su precio es también más asequible.


Calorías

Cada 100 gramos de carne de mejillón aportan a la dieta unas 60 calorías.


Vitaminas

El mejillón posee un elevado contenido en vitaminas A, B , C y P, así como calcio, magnesio y yodo.


Propiedades

Por su bajo índice calórico, es ideal para aquellas personas que deseen llevar a cabo una dieta adelgazante sin renunciar a los placeres de la buena mesa. Al mejillón, también se le atribuyen cualidades afrodisíacas.


Consejos

El mejillón es un alimento muy versátil. Sirve como aperitivo o como plato fuerte y da sabor a sopas, arroces y empañadas. Acompañado de salsa (mahonesa, vinagreta, etc), se convierte en un plato muy sabroso. También es excelente simplemente abierto al vapor y condimentado con sal y pimienta. A la hora de comprarlos , comprueba que los mejillones estén bien cerrados, señal de que están vivos. También hay que tener en cuenta el tamaño de las piezas: conviene que todas sean de un tamaño similar para que su cocción resulte uniforme. Para limpiarlos, debes raspar las conchas con un cuchillo y arrancar las barbas que sobresalen. Los mejillones no necesitan un remojo previo, ya que carecen de arena, pero sí un rápido paso por agua fría. Una vez limpios, basta con abrirlos al vapor o en agua hirviendo y servirlos solos o en compañía de una salsa. Los mejillones no se conservan en el frigorífico más de un día. Si necesitas mantenerlos durante más tiempo, deberás abrirlos al vapor o en agua hirviendo y guardarlos con el líquido de la cocción para evitar que se resequen.

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