Endibia



Hablar sobre La Endibia

La endibia, una verdura de agradable presencia, es, en realidad, el corazón que se extrae de una planta de la familia de las compuestas. De forma puntiaguda y cilíndrica, está compuesta por una sucesión de apretadas hojas superpuestas de color blanco que se vuelve amarillo en las puntas. Una característica de esta verdura es su extrema limpieza, lo que hace totalmente aprovechable el fruto, ya que no es necesario retirar ninguna de sus hojas, incluidas las externas, como ocurre con otras hortalizas, como la lechuga y la escarola. Tiene la endibia un marcado sabor dulce, jugoso, crujiente y refrescante. Aunque en algunas variedades es ligeramente amargo. La endibia aparece en el mercado desde primeros de año hasta finales de septiembre, siendo su temporada óptima la que abarca los meses de invierno y la primavera. De todas formas, en la actualidad los cultivos de invernadero nos permiten contar con ellas durante todo el año.


Calorías

Por su escaso valor nutritivo resulta ideal para las dietas de adelgazamiento, porque su consumo no aporta más que 17 calorías por cada 100 gramos, frente a las 27 que generalmente ofrecen las demás hortalizas.


Vitaminas

Por el contrario, su contenido en minerales (calcio, fósforo, hierro) y vitaminas también es más bajo que los registrados en verduras de mayor consumo.


Consejos

Para aprovechar al máximo sus limitadas cualidades nutritivas, es importante tener en cuenta que la endibia no debe estar expuesta a la luz durante mucho tiempo, ya que sus hojas pierden textura, se arrugan y adquieren un color verdoso. Además, se resiente su sabor característico. Las endibias pueden presentarse a la mesa formando parte de una ensalada, como complemento de platos fríos o calientes, hervida y acompañada con salsa mahonesa o vinagreta o envuelta en lonchas de jamón y asada al horno. En crudo, su sabor combina muy bien con las salsas de yogur o queso. A pesar de que la endibia es una verdura muy limpia, siempre es aconsejable desprender las hojas una a una, pasarlas por un chorro de agua fría y escurrirlas antes de su utilización. Manteniéndolas a temperatura adecuada en un lugar fresco o en el frigorífico pueden conservarse varios días.

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